Día del Comportamiento Humano, en Argentina



Esta celebración simboliza la jerarquización de los valores espirituales y éticos y el fomento de la armonía en la convivencia entre las personas. Se conmemora en recuerdo de Francisco A. Rizzuto, líder de la solidaridad social. Fundó la Liga Pro Comportamiento Humano, una institución sin fines de lucro, cuyos ideales eran difundir hermandad y el respeto en la sociedad. Rizzuto falleció el 31 de marzo de 1965.

Rizzuto desarrolló una intensa actividad cívica bajo los ideales del humanismo, actuando en distintos campos (empresarial, periodístico y filantrópico).
Sus escritos aún hoy son una inspiración para quienes anhelan que los valores éticos y espirituales le den forma a la sociedad. Entre ellos se encuentra el  “Decálogo del gobernante”, el cual compartimos!

1º Desempeñar la función encomendada con cabal sentido de responsabilidad, conciencia de la propia idoneidad y espíritu de sacrificio.
2º Entender que la posición escalada no es una canonjía ni un bien de uso indiscriminado sino un mandato que da derechos pero que también deberes indeclinables.
3º Saber abstraerse a las influencias partidistas, presiones de grupo y a toda demanda unilateral del interés creado, comprendiendo que la única causa que ha de servirse es la del bien de la colectividad.
4º Proceder con ecuanimidad, juicio sereno y decisión firme en la solución de los problemas que se plantean a su personal consideración y obrar sin flaquezas ni dubitaciones cuando se trate de reprimir la ilegalidad y castigar las violaciones de las prescripciones normativas.
5º Escoger colaboradores capaces, honestos y laboriosos, librándose de los males del favoritismo, de la oligarquía y de los afectos familiares, valores negativos si no se hallan acompañados con el testimonio de una probada eficiencia y una indiscutible capacidad moral.
6º Cumplir lealmente los propósitos expuestos en la toma de posesión del cargo, avalando la seriedad de la promesa con actitudes de consecuencia principista y rectitud funcional.
7º No olvidar que para exigir a la ciudadanía orden, honradez, conducta y esfuerzo, es preciso obrar en los planos superiores con fuerza de ejemplaridad.
8º Convenir en que no existe una moral privada y una moral pública porque la moral es una sola e indivisible y no admite una interpretación dual.
9º Servir sin defecciones la doctrina del interés público y no ceder ante los juegos políticos que conspiran contra la dignidad. Comportarse con cordura y exento de pasiones, firme el convencimiento de que no existen amigos y adversarios sino integrantes de una única entidad institucional.
10º Tener la valentía de abandonar el cargo que se desempeña o a la representación que se inviste, cuando está en peligro el mantenimiento de una recta línea de conducta o cuando la vindicta pública señala con su dedo acusador la violación de los deberes, la incapacidad funcional o el abuso de las facultades otorgadas, entendiendo que honra más una retirada digna que un poder detentado por razón de empecinada prepotencia y sin contar con la confianza de los gobernados y el respeto de la sociedad.


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