Gustav Klimt...el pintor
"Estoy convencido de que no soy una persona especialmente interesante. No hay nada especial en mí. Soy pintor, alguien que pinta todos los días de la mañana a la noche. Figuras, paisajes; de vez en cuando, retratos. Las palabras, habladas o escritas, no me salen con facilidad, especialmente cuando tengo que decir algo sobre mí mismo o sobre mi trabajo. (...) Si alguien quiere descubrir algo en mí (...) puede contemplar atentamente mis pinturas y tratar de descubrir a través de ellas lo que soy y lo que quiero"
Se cumplen 150 años del natalicio de este eximio pintor.
Gustav Klimt nació en Baumgarten, en las cercanías de Viena -hoy es el distrito XIV de la capital- el 14 de julio de 1862. Su padre se llamaba Ernst y era grabador, aunque en su juventud hubiera soñado ser cantante de ópera. Su madre era una mujer de carácter llamada Anna Finster. Formaban una familia humilde que mudaba con frecuencia su domicilio al no poder pagar el alquiler. El matrimonio tuvo siete hijos: Clara, Gustav, Ernst, Hermine, Georg, Anna y Johanna. A los seis años el pequeño Gustav acudió a la escuela pública, obteniendo su certificado de estudios a los catorce. Ya en esta época mostró buenas dotes para el dibujo por lo que los profesores aconsejaron a sus padres que hiciera el examen de ingreso en la Escuela de Artes y Oficios. Fue un pintor simbolista austríaco, y uno de los más conspicuos representantes del movimiento modernista de la secesión vienesa. Klimt pintó lienzos y murales con un estilo personal muy ornamentado, que también manifestó a través de objetos de artesanía, como los que se encuentran reunidos en la Galería de la Secesión vienesa. Intelectualmente afín a cierto ideario romántico, Klimt encontró en el desnudo femenino una de sus más recurrentes fuentes de inspiración.1 Sus obras están dotadas de una intensa energía sensual, reflejada con especial claridad en sus numerosos apuntes y esbozos a lápiz,2 en cierto modo herederos de la tradición de dibujos eróticos de Rodin e Ingres. Klimt se convirtió en un personaje muy notable en la alta sociedad vienesa, y estuvo relacionado de un modo u otro con los más notables círculos intelectuales del momento, en una época en la que Viena estaba dejando de ser la capital mundial del arte.
Falleció en Viena en 1918.
Durante la anexiòn de Austria a la Alemania nazi los cuadros de Gustav Klimt fueron robados por la jerarquìa nazi para ser canjeados por otros cuadros. Por ejemplo el retrato de Adele Bloch-Bauer de Gustav Klimt se convirtió en 2006 en la obra de arte más cotizada del mundo (más de 107 millones de euros). Era uno de los cuadros requisados por los nazis a la familia Bloch-Bauer durante la Segunda Guerra Mundial, devuelto por Austria a la heredera de la obra Maria Altmann.
De nuevo, un museo del país austriaco se enfrenta a una reclamación similar. Los herederos de la familia Munk han solicitado al museo Lentos de Linz la devolución del Retrato de Ria Munk, valorado en 10 millones de dólares (7,8 millones de euros) y una de las joyas de su colección.
Ria Munk se suicidó en 1911 a los 24 años por un desengaño amoroso. Su madre, Aranka Munk, pidió a Klimt una pintura póstuma. El autor de El Beso realizó tres versiones. Uno de los retratos fue el que se llevaron los nazis de la villa de Munk en Bad Aussee. Hasta ahora, las autoridades han negado que hubiera pruebas de que el cuadro expoliado sea el que cuelga de las paredes del Lentos Art Museum en Linz, Capital Europea de la Cultura en 2009.
Sin embargo, nuevos testimonios, como el del nieto del cuidador de la villa, están obligando a la ciudad a reexaminar la afirmación hecha por los herederos de Munk. Este testigo, que prefiere no ser identificado, ha firmado una declaración escrita de que la pintura que vio en la villa en 1942 cuando tenía nueve años es el retrato que está en el museo de Linz -Lentos tiene tres Klimt en su colección-. Los herederos de Munk, representados por el abogado vienés Alfred Noll, han renovado su demanda, inicialmente presentada en 2005, para que la pintura sea devuelta.
El primer cuadro que Klimt pintó para Aranka Munk fue Ria Munk en su lecho de muerte, que a la madre le pareció demasiado impactante, según Sophie Lillie, investigadora que trabaja para los herederos. El retrato acabó en manos de un amigo escultor de Klimt, cuyos descendientes lo vendieron después de la guerra. Incluso llegó a formar parte de la colección de la cantante Barbara Streisand antes de ser vendido de nuevo en 1999, según Lillie.
Un segundo retrato fue convertido posteriormente en una pintura de una bailarina y el tercero, el retrato que Munk conservó, fue una obra sin acabar.
Se cumplen 150 años del natalicio de este eximio pintor.
Gustav Klimt nació en Baumgarten, en las cercanías de Viena -hoy es el distrito XIV de la capital- el 14 de julio de 1862. Su padre se llamaba Ernst y era grabador, aunque en su juventud hubiera soñado ser cantante de ópera. Su madre era una mujer de carácter llamada Anna Finster. Formaban una familia humilde que mudaba con frecuencia su domicilio al no poder pagar el alquiler. El matrimonio tuvo siete hijos: Clara, Gustav, Ernst, Hermine, Georg, Anna y Johanna. A los seis años el pequeño Gustav acudió a la escuela pública, obteniendo su certificado de estudios a los catorce. Ya en esta época mostró buenas dotes para el dibujo por lo que los profesores aconsejaron a sus padres que hiciera el examen de ingreso en la Escuela de Artes y Oficios. Fue un pintor simbolista austríaco, y uno de los más conspicuos representantes del movimiento modernista de la secesión vienesa. Klimt pintó lienzos y murales con un estilo personal muy ornamentado, que también manifestó a través de objetos de artesanía, como los que se encuentran reunidos en la Galería de la Secesión vienesa. Intelectualmente afín a cierto ideario romántico, Klimt encontró en el desnudo femenino una de sus más recurrentes fuentes de inspiración.1 Sus obras están dotadas de una intensa energía sensual, reflejada con especial claridad en sus numerosos apuntes y esbozos a lápiz,2 en cierto modo herederos de la tradición de dibujos eróticos de Rodin e Ingres. Klimt se convirtió en un personaje muy notable en la alta sociedad vienesa, y estuvo relacionado de un modo u otro con los más notables círculos intelectuales del momento, en una época en la que Viena estaba dejando de ser la capital mundial del arte.
Falleció en Viena en 1918.
Durante la anexiòn de Austria a la Alemania nazi los cuadros de Gustav Klimt fueron robados por la jerarquìa nazi para ser canjeados por otros cuadros. Por ejemplo el retrato de Adele Bloch-Bauer de Gustav Klimt se convirtió en 2006 en la obra de arte más cotizada del mundo (más de 107 millones de euros). Era uno de los cuadros requisados por los nazis a la familia Bloch-Bauer durante la Segunda Guerra Mundial, devuelto por Austria a la heredera de la obra Maria Altmann.
De nuevo, un museo del país austriaco se enfrenta a una reclamación similar. Los herederos de la familia Munk han solicitado al museo Lentos de Linz la devolución del Retrato de Ria Munk, valorado en 10 millones de dólares (7,8 millones de euros) y una de las joyas de su colección.
Ria Munk se suicidó en 1911 a los 24 años por un desengaño amoroso. Su madre, Aranka Munk, pidió a Klimt una pintura póstuma. El autor de El Beso realizó tres versiones. Uno de los retratos fue el que se llevaron los nazis de la villa de Munk en Bad Aussee. Hasta ahora, las autoridades han negado que hubiera pruebas de que el cuadro expoliado sea el que cuelga de las paredes del Lentos Art Museum en Linz, Capital Europea de la Cultura en 2009.
Sin embargo, nuevos testimonios, como el del nieto del cuidador de la villa, están obligando a la ciudad a reexaminar la afirmación hecha por los herederos de Munk. Este testigo, que prefiere no ser identificado, ha firmado una declaración escrita de que la pintura que vio en la villa en 1942 cuando tenía nueve años es el retrato que está en el museo de Linz -Lentos tiene tres Klimt en su colección-. Los herederos de Munk, representados por el abogado vienés Alfred Noll, han renovado su demanda, inicialmente presentada en 2005, para que la pintura sea devuelta.
El primer cuadro que Klimt pintó para Aranka Munk fue Ria Munk en su lecho de muerte, que a la madre le pareció demasiado impactante, según Sophie Lillie, investigadora que trabaja para los herederos. El retrato acabó en manos de un amigo escultor de Klimt, cuyos descendientes lo vendieron después de la guerra. Incluso llegó a formar parte de la colección de la cantante Barbara Streisand antes de ser vendido de nuevo en 1999, según Lillie.
Un segundo retrato fue convertido posteriormente en una pintura de una bailarina y el tercero, el retrato que Munk conservó, fue una obra sin acabar.

Comentarios
Publicar un comentario
Dejá tu comentario: