La Leyenda del Timbó u Oreja de Negro: -Iraí!... ¡Hija mía!... ¿Dónde estás?... ¡Ven a mi lado! ¡No te apartes de tu viejo padre!... ¡Tú eres la luz de mis ojos, la alegría de mi corazón, el consuelo de mis penas, el apoyo de mi ancianidad!... ¡Tu cariño es el único sostén de mis últimos años! ¡No te alejes de mí, Iraí! ¡No me abandones nunca! Quien así hablaba siempre a su hija era Isaraki, el viejo cacique de una tribu de indios timbúes que habían establecido sus tolderías en un hermoso lugar, a orillas de nuestro Paraná. Isaraki, que había perdido toda su familia y se encontraba ya viejo y enfermo, adoraba a su única hija. Era tan grande el cariño que le profesaba que sin su compañía el anciano sentíase solo, triste y abatido. Iraí era para él una hija solícita y cariñosa. Lo guiaba y lo acompañaba siempre, ayudándolo en todas sus tareas de jefe de la tribu; y como era joven, alegre y bulliciosa, sus risas y sus cantos regocijaban también el corazón del padre. Iraí habí...
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